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Jesús
Ruiz de la Rosa
Nosotros en cualquier momento de nuestra vida diaria podemos
experimentar emociones con suficiente intensidad como para
que tomemos conciencia de este proceso. Si reflexionamos sobre
el recuerdo reciente de alguno de estos acontecimientos, nos
daremos cuenta de que tienen una causa, algo ha pasado o ha
cambiado y nos ha afectado. Como consecuencia de ello, sentimos
algo agradable o desagradable, nuestro organismo altera súbitamente
su actividad e, incluso, se producen cambios en nuestro comportamiento.
Se trata de una emoción, un proceso psicológico
que por cotidiano nos parece accesible y fácil de comprender,
pero que sin embargo a la Psicología le ha costado
más de cien años comenzar a entender.
Es necesario que todos esos recursos
emocionales de que disponemos los mantengamos vivos y para
esto lo primero es reconocerlos y luego movilizarlos y aplicarlos.
Nuestras emociones nos dan una información asombrosamente
útil para vivir mejor, para hacernos más felices.
Para qué prescindir de este sistema emocional, para
qué esconder nuestras emociones, casi siempre por falsas
creencias. Si nos puede hacer más felices es poco inteligente
no utilizar algo que nos aporta una información tan
valiosa para no cometer errores.
Las emociones son procesos que se activan
cada vez que nuestro aparato psíquico detecta algún
cambio significativo para nosotros; lo que las convierte en
un proceso altamente adaptativo, ya que tienen la propiedad
de dar prioridad a la información relevante para nosotros
Implica un sistema de procesar información altamente
jerarquizado, que asigna tiempo y recursos para proporcionar
la respuesta más adecuada, lo más rápidamente
posible y con la intensidad proporcionada a las demandas.
También podemos decir que las
emociones cumplen unas funciones, lo cual las hace útiles
y beneficiosas. Estas son: una función adaptativa ya
que preparan al organismo para la acción; una función
social comunican a los demás nuestro estado de ánimo;
y una función motivacional ya que facilitan las conductas
motivadas.
No hay consenso en cuanto a cuáles
son las emociones básicas o primarias. Va un poco en
función del criterio del autor.
Hay una mayoría de éstos
que consideran como primarias unas emociones que surgen en
los primeros momentos de la vida y que tienen unas características
definitorias, como por ejemplo el tipo de afrontamiento, es
decir, la movilización para la acción que producen
(por ejemplo el miedo típicamente moviliza hacia la
huida o evitación); otra característica puede
ser la expresión facial concreta y que ésta
sea reconocida entre las diferentes culturas, es decir, que
su expresión tenga un carácter universal; o
incluso el procesamiento cognitivo propio y distintivo de
las restantes emociones.
Para esta mayoría de autores las
emociones primarias son: La Sorpresa, cuya función
adaptativa es la exploración; el Asco, cuya función
es el rechazo; la Alegría, función de afiliación;
el Miedo, función adaptativa de protección;
la Ira, función de autodefensa; y la Tristeza, función
de reintegración.
Las emociones secundarias son llamadas
también sociales, morales, autoconscientes que son
la culpa, la vergüenza, el orgullo, los celos, el azoramiento,
la arrogancia, el bochorno, etc. Estas emociones aparecen
en las personas alrededor de los dos años y medio o
tres años, aunque halla excepciones. Por lo general
es a partir de los dos años y medio, más o menos,
cuando los niños comienzan a sonrojarse, a avergonzarse
en público por haberse caído, a intentar consolar
a otro niño al que han pegado, etc. vamos que es necesario
que el niño esté iniciando la internalización
de ciertas normas sociales y que aparezca la identidad personal
y al mismo tiempo que sea capaz de evaluar si identidad personal
de acuerdo a esas incipientes normas sociales.
Algunas emociones:
MIEDO
Su función principal es la de
protección y sirve para:
Facilitar la aparición de respuestas de escape o de
evitación ante situaciones peligrosas.
Focalizar la atención casi exclusivamente en el estímulo
temido, facilitando de este modo que el organismo reaccione
rápidamente ante el mismo.
Movilizar una gran cantidad de energía, lo que permitirá
ejecutar respuestas de manera mucho más intensa y rápida,
que como lo haríamos en condiciones habituales.
RABIA O IRA
Función de autodefensa, que aunque
puede llegar a la destrucción, sirve para:
La movilización de la energía necesaria en las
reacciones de autodefensa o de ataque.
La eliminación de obstáculos que impiden la
consecución de los objetivos y metas deseadas, y cuya
obstrucción genera frustración.
La reacción de ira no siempre tiene que terminar en
agresión -verbal o física- ya que una de sus
funciones adaptativas es precisamente intentar inhibir las
reacciones indeseables de otras personas y evitar así
la situación de confrontación.
TRISTEZA
Su función adaptativa es la reintegración
y es bastante más difícil de ver, que sirve
para:
Aumentar la cohesión con otras personas, de manera
especialmente marcada con aquellas que se encuentran en la
misma situación.
La reducción del ritmo de actividad general del organismo.
Potenciando de esta manera la posibilidad de valorar otros
aspectos de la vida que antes de aparecer la respuesta emocional
no se les prestaba atención.
Reclamar la ayuda de otras personas, mediante la comunicación
a los demás de que no se encuentra bien. Así
mismo, sirve para apaciguar las reacciones de agresión
por parte de otros.
ALEGRÍA
Función de afiliación,
que entre otros objetivos, sirve para:
Incrementar la capacidad para disfrutar de diferentes aspectos
de la vida.
Generar actitudes positivas tanto hacia uno mismo, como hacia
los demás, lo cual a su vez favorece la aparición
del altruismo y la empatía.
Establecer lazos de unión entre las personas y favorecer
las relaciones interpersonales.
Dotar a la persona de sensación de vigorosidad, competencia,
trascendencia y libertad.
Favorecer los procesos cognitivos, de aprendizaje y memoria,
aumentando la curiosidad y la flexibilidad mental.
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